(ca.496-406 a.C.). Escritor ateniense de tragedias, hijo de un rico industrial de nombre Sófilo. Nació en Colono, un kilómetro al norte de las murallas de la ciudad. Pronto fue reconocido su talento para la música y la gimnasia; aprendió música con Lampro y tocaba su lira acompañando el himno de la victoria en una celebración formal del triunfo de Salamina en el 480. No sabemos cuándo empezó a escribir teatro, pero hacia el 468 era lo suficientemente bueno como para conseguir el primer premio, batiendo a Esquilo en una competición dramática con tres obras, en las que probablemente estaba incluida su tragedia perdida Triptólemo. En sus años jóvenes fue actor o miembro del coro, aunque lo dejó enseguida, pues su voz carecía de fuerza. Escribió muchas de sus obras específicamente para el actor Tlepólemo, cuyo talento comprendió y explotó. Escribió 123 obras y obtuvo al menos 20 primeros premios en los dos festivales dramáticos atenienses, las Grandes Dionisias y las Leneas. Esto significa que sus contemporáneos juzgaron que la gran mayoría de sus obras eran merecedoras de un primer premio, pues los contendientes presentaban en cada festival tres tragedias y un drama satírico, que eran juzgados como una sola unidad; el resto de sus obras obtuvieron un segundo premio. De esta enorme producción solo se conservan siete tragedias, no habiendo dos que se presentaran para el mismo premio, y un drama satírico, y solo dos de ellas pueden ser datadas: Filoctetes y Edipo en Colono. Sabemos que Antígona consiguió un primer premio, y que otra obra suya consiguió un segundo premio en el 459. En el 431 fue segundo, después del hijo de Esquilo, Euforión, y también fue segundo después del sobrino de Esquilo, Filocles, en fecha desconocida, cuando su Edipo Rey quedó en segundo lugar. Aristóteles nos cuenta que añadió un tercer actor a los dos que eran tradicionales en la tragedia, que introdujo el escenario pintado y que incrementó el número de miembros del coro de doce a quince. El protagonista principal de sus obras constituye el eje central, pero el contrapunto suele encontrarse en personajes menores. El personaje no entra en el drama acabado, sino que se crea poco a poco a través de la acción, evoluciona ante la mirada atenta del espectador. Se le considera el creador de la escenografía griega. Al contrario que Esquilo, no hizo que las tres tragedias de sus trilogías continuaran entre sí una única historia. Plutarco dice que su estilo pasó primero por una etapa ampulosa, y luego por otra áspera y artificial, antes de asentarse en la madurez de las obras que conservamos. No obstante, su estilo de madurez no era siempre elegante o fácil. Desplegó una variedad de estilos mayor que la de sus contemporáneos, comenzando por un sorprendente naturalismo lingüístico, como en la parte del guardia en la Antígona, hasta llegar a una simetría formal. Era un maestro de la metáfora dramáticamente representada, como en el caso de la ceguera de Edipo: la ceguera es figurativa mientras aún tiene sus ojos, y se opone a su auténtica capacidad de "ver", después de que se ha cegado a sí mismo. Sófocles era capaz de conmocionar y de atemorizar, como en el caso de los efectos sobrenaturales de su Áyax. En el Filoctetes desplegó un abanico de ambigüedad en la constantemente aplazada partida del héroe de Lemnos. Su sentido del dramatismo era agudo, como muestra el Edipo Rey, y es particularmente poderoso en la escena final de la Antígona, en donde la gradual destrucción de Creonte se completa. El reconocimiento de hechos y personas, que previamente se desconocían o eran malinterpretados, juega un importante papel en los dramas de Sófocles, pero no conduce a la comprensión y a la paz, sino al dolor y al desastre, como en el caso de Edipo en el Edipo Rey, Creonte y Antígona en la Antígona, Áyax en la tragedia del mismo nombre, o Deyanira y Heracles en Las traquinias. Escribió en momentos diferentes tres tragedias basadas en el mito de Edipo: Edipo Rey, que es la historia de la caída de un monarca seguro de sí mismo y humano, cuya vida se arruina al saberse su origen ignorado en Tebas, la ciudad que él gobierna gracias a su habilidad para resolver el enigma planteado por la Esfinge; desconociéndolo, ha matado a su propio padre, el anterior rey, y se ha casado, sin darse cuenta tampoco, con su propia madre, la reina Yocasta, de la que tiene hijos. Es feliz hasta que la maldición de Apolo, que había sido pronunciada antes de su nacimiento, se acaba por cumplir. En Edipo en Colono, última de sus obras, representada tras su muerte por su nieto Sófocles en el 401, Edipo, acompañado en su exilio de Tebas por su fiel hija Antígona, llega a Colono, en el Ática, en donde está destinado a encontrar la muerte y a traer la bendición al lugar en el que repose; pero Creonte, su sucesor en Tebas, dándose cuenta de que la tumba de Edipo llevará el favor divino al lugar en el que esté situada, trata de forzarlo para que regrese a su ciudad; Antígona acude a Teseo para que proteja a su padre de las tropas de Creonte, y después Edipo camina hacia la muerte en todo su esplendor, dejando que su hija regrese sola al hogar. En Antígona, escrita años antes, la heroína ha regresado a casa, pero sus dos hermanos han luchado el uno contra el otro por el gobierno de Tebas y se han matado en mortal combate; el rey Creonte ha enterrado a su favorito, Eteocles, y ha ordenado que el odiado Polinices permanezca fuera de las murallas sin enterrar. Antígona se niega a aceptar esta orden por motivos religiosos y morales, y entierra el cuerpo de su hermano; entonces es condenada a muerte por su insolencia. Emparedada en una cueva, se ahorca en medio de la desesperación; su prometido, Hemón, hijo del rey, llega para rescatarla, pero solo se encuentra con su cadáver, ante el cual se suicida. Creonte se arrepiente demasiado tarde de su desafío a los dioses y pierde también a su esposa. Las otras tragedias no tienen una historia común, aunque sí algunos temas. Electra trata del retorno en secreto de Orestes, de la reconciliación con su hermana Electra, que lo creía muerto, y del asesinato tanto de su madre, Clitemestra, como de su amante, llevado a cabo por los dos. Áyax trata de la locura, la humillación y suicidio del héroe griego en Troya; este había reclamado la armadura del fallecido Aquiles, pero fue vencido en el sorteo por Odiseo. Filoctetes, representada en el 409, presenta al arquero griego Filoctetes abandonado por sus camaradas en la desierta isla de Lemnos junto con su certero arco, gracias al cual se sustenta, y narra también la misión de una embajada griega que trata de convencerlo con ardides para que regrese con ellos a Troya, en donde su presencia es indispensable para la victoria griega. En Las traquinias, las mujeres del título de la obra son el coro de espectadores del drama de los últimos días del héroe Heracles, que es atormentado y asesinado en venganza póstuma por el centauro Neso, a quien él había dado muerte para quedarse con su esposa Deyanira. Tenemos parte de un drama satírico, Los rastreadores, y cientos de fragmentos de otras obras de Sófocles. Aparte de su carrera dramática, Sófocles se distinguió en la vida pública. En el 443-442 ostentó el importante puesto de tesorero de la Liga Delia; estuvo dos veces en la junta de diez generales: en el 441-440, cuando Atenas reprimió una revuelta en Samos, y después con Nicias. Fue designado miembro de una junta de diez consejeros, cuando llegaron a Atenas las noticias del fracaso de la expedición a Sicilia. Fue sacerdote de la deidad de la salud Halón, dio cobijo al dios-serpiente Asclepio hasta que se terminó su capilla en Atenas, y compuso un himno dedicado a este dios. Fue amigo del estadista Cimón, de Céfalo, padre del orador Lisias, y del escritor Ión de Quíos. Escribió un poema elegíaco en honor del filósofo Arquelao y consiguió que Polignoto pintara su retrato. Escribió también un poema para Heródoto. Al contrario que los otros trágicos, resistió la tentación de abandonar Atenas para disfrutar del mecenazgo real en otro lugar. En el festival de Dioniso del 406, cuando compitió por última vez, vistió al coro y a los actores de negro en memoria de Eurípides, que acababa de morir. Antes de su muerte, sus hijos, Yofonte y Aristón, lo llevaron ante los tribunales alegando que estaba senil y era incapaz de dirigir sus negocios. Se dice que entonces recitó parte de su nueva obra, Edipo en Colono, lo que convenció al jurado de su cordura. Tras su muerte fue honrado con un culto de héroe, bajo el nombre de Dexión. Sus obras siguieron siendo populares y se conservaron aquellas que eran regularmente estudiadas en las escuelas. Se las representaba a menudo en Grecia y en otros lugares. Aristóteles consideraba su Edipo Rey como la tragedia perfecta.